5 consejos para cuando tienes demasiado que hacer

Demasiado que hacer, y no suficiente tiempo.

Este es un problema constante para muchas personas, pero parece acentuarse especialmente durante las fiestas. Con eventos festivos, compras, viajes, visitas familiares… las cosas se acumulan sobre nuestras vidas ya ocupadas.

Pero sin importar la época del año, el problema es el mismo: nuestra lista de tareas nunca termina, y nuestros días son demasiado cortos.

¿Cómo podemos manejar esto de una manera sana?

Ofrezco cinco sugerencias que funcionan para mí.

1. Utiliza esto como una oportunidad para practicar la atención plena. En medio del estrés y la sensación de estar abrumado… tienes la oportunidad de estar presente. Cuando notes que te sientes así, detente: observa cómo se siente tu cuerpo. Tómate unos segundos para notar las sensaciones físicas de tu entorno (sonidos, luz, sensaciones táctiles, etc.). Observa cómo se siente tu cuerpo mientras tu mente gira con ansiedad o con demasiada actividad.

No, el estrés y el agobio no son los sentimientos más agradables, pero tampoco son el fin del mundo. Y si los ves como una oportunidad para practicar, aprender y mejorar, pueden ser realmente buenas noticias. Son tus maestros, y este es tu momento para estar consciente.

No necesitas dedicar un minuto entero; basta con cinco o diez segundos. Solo observa cómo te sientes, observa tu entorno, observa cómo tus pensamientos te afectan. Obsérvalo brevemente, y en ese corto lapso habrás despertado del sueño en el que vivimos la mayor parte del tiempo.

2. Date cuenta de que no puedes hacerlo todo ahora mismo. Quizá tengas 20 cosas por hacer, o 100… pero no puedes hacerlas todas ahora. Probablemente no puedas hacer más de una en la próxima hora. ¿Cuántas puedes hacer justo ahora? Una.

Este recordatorio pretende liberarnos de la idea de que debemos hacerlo todo ya. No podemos. Así que esto nos permite enfocarnos en una sola cosa. Elige una, y concéntrate en ella. Porque las demás, por urgentes que parezcan, simplemente no pueden hacerse ahora mismo. Puedes delegarlas, eliminarlas, aplazarlas… pero no puedes hacerlas todas ahora.

Así que concéntrate en una, y dale toda tu atención. En mi experiencia, esta es la manera más útil de trabajar.

3. Elige una tarea de alto impacto. Cuando estamos ocupados, a menudo entramos en el modo de hacer muchas tareas pequeñas rápidamente. Parece que tachamos cosas de la lista, lo que puede sentirse productivo. Pero en realidad estamos corriendo como una gallina sin cabeza.

Si vas a enfocarte en una sola tarea, asegúrate de que sea una buena. Algo que tenga un impacto real en tu día, tu trabajo, tu vida. Probablemente no sea responder un montón de correos poco importantes ni revisar Facebook. Un correo que cierre un acuerdo, que impulse un proyecto grande, que ayude a alguien… eso es una tarea de alto impacto. Para mí, escribir casi siempre es la tarea con mayor impacto. Puede ser difícil identificar cuál es la más importante, pero si lo piensas un poco, verás cuáles no lo son tanto y cuáles importan más. Elige estas últimas cuando puedas.

Dicho esto, aún tienes que hacer las tareas pequeñas. Responder otros correos, hacer recados, limpiar la encimera. A mí me gusta ocuparme de esas cosas entre las tareas más grandes, como una pausa. Hago algo importante con foco, luego descanso limpiando o respondiendo algunas pequeñas cosas. La clave es no procrastinar en lo importante haciendo las tareas menores.

4. Estate presente con la tarea, con intención. Cuando hayas elegido una tarea importante, deja todo lo demás a un lado por un momento. No puedes hacerlo todo ahora, así que simplemente estate aquí con la tarea elegida. Respira. Establece una intención para esta tarea: ¿por qué la haces y para quién? Cuando escribo, suele ser para mis lectores, pero también hago tareas personales para mi familia. Ahora mismo mi intención es sencilla: estoy escribiendo este artículo para ayudar a mis lectores.

Deja que esa intención te acompañe mientras trabajas en la tarea. Estate presente en ella, nota cómo se siente tu cuerpo al hacerla, deja que te absorba por completo. Puede que te dé la urgencia de cambiar a otra cosa —solo obsérvala y quédate—, no dejes que ese impulso te guíe sin darte cuenta. Luego regresa a la tarea cuando la urgencia pase. Recuerda tu intención y sumérgete por completo en lo que estás haciendo.

5. Practica soltar, con una sonrisa. Tener demasiado que hacer, y querer hacerlo todo lo antes posible… puede en realidad dificultar el trabajo. Ese deseo de terminarlo todo es un obstáculo. Por suerte, ¡es una excelente práctica con la que trabajar!

La práctica consiste en soltar. Observa lo que crees que necesitas hacer (tu ideal), y suéltalo. En su lugar, dite que no sabes, y ábrete a la realidad que tienes justo delante: solo puedes hacer una tarea. Acepta esa idea, y el estrés disminuirá.

Y mientras sueltas tu ideal y te abres a la realidad, sonríe. Agradece el momento que realmente tienes, en lugar de desear uno distinto. Sonríe y sé feliz ahora, en vez de esperar a que la felicidad llegue en un momento desconocido.

¿Van estas sugerencias a vaciar tu lista de tareas? No. Siempre tendrás mucho que hacer, y no suficiente tiempo para hacerlo todo. Pero esto te ayudará a convivir con ese hecho, y a estar más consciente y más enfocado en medio de esa realidad.

La vida es demasiado corta para pasarla estresado por algo que no puede cambiarse. No necesitamos malgastar nuestra mente y nuestra energía preocupándonos por tener demasiado que hacer. En su lugar, podemos sonreír y ser felices con lo que sí podemos hacer ahora.