El trabajo puede ser estresante: nos sentimos abrumados cuando tenemos demasiado que hacer, cuesta decidir en qué enfocarnos, postergamos tareas difíciles, sentimos que siempre vamos atrasados… y a veces evitamos conversaciones complicadas.
Todo esto se vuelve mucho más fácil si desarrollamos confianza en nosotros mismos.
Confiar en uno mismo no significa hacerlo todo perfectamente, sino saber que haremos lo mejor posible y que podemos manejar lo que ocurra, incluso si las cosas no salen como esperábamos.
No siempre es fácil desarrollar ese tipo de confianza, pero hoy quiero compartir algunas formas en que nuestra vida laboral puede volverse más ligera si empezamos a cultivarla.
Sin más preámbulos, aquí tienes algunas maneras clave en que todo se vuelve más fácil:
Menos sensación de agobio. Nos sentimos abrumados no porque objetivamente tengamos demasiado que hacer, sino porque no creemos que podamos con todo. El agobio es, en el fondo, miedo a no poder manejarlo. Pero si confiamos en nosotros mismos, sabemos que podemos afrontar las cosas lo mejor posible. Puede que no logremos hacer todo lo que hay en la lista, pero confiamos en que sabremos gestionar la situación: renegociar plazos, reprogramar reuniones o disculparnos si algo se retrasa. Podemos con ello.
Decisiones más fáciles. A menudo nos quedamos atascados tratando de decidir qué hacer porque muchas cosas reclaman nuestra atención y tememos equivocarnos. Pero si confiamos en nosotros mismos, podemos seguir nuestra intuición, tomar una decisión y confiar en ella. Así todo se vuelve más sencillo: dejamos de preocuparnos y no nos enredamos en la duda.
Más enfoque. Cuando elegimos una tarea en la que trabajar, confiar en nosotros mismos significa dejar todo lo demás a un lado y concentrarnos completamente en esa sola cosa. Como si fuera lo único que importa. De esta manera, concentrarse se vuelve mucho más fácil.
Menos procrastinación. No postergamos las cosas solo porque sean difíciles, sino porque tememos no poder con la dificultad. Nos asusta, y por eso las evitamos. Pero si confiamos en nosotros mismos, podemos creer que somos capaces de manejar un poco de incomodidad. Podemos intentarlo, afrontar lo que venga y ver cómo sale. Si sentimos cierta resistencia ante una tarea, confiar significa respirar profundo… y lanzarnos con un poco de valentía.
Conversaciones más fáciles. A menudo evitamos conversaciones difíciles (a veces sin darnos cuenta) porque tememos cometer errores o no soportar el malestar. Pero evitarlas rara vez ayuda; normalmente empeora las cosas. Si confiamos en nosotros mismos, podemos respirar, relajarnos y tener la conversación. Dejemos que la otra persona reaccione como quiera, sin hacerlo un gran drama, y confiemos en que podemos manejar un poco de incomodidad.
Estas cinco áreas suelen ser las que más estrés generan en nuestro trabajo. Si se vuelven más fáciles, el trabajo también se vuelve más llevadero. Y, por supuesto, lo mismo se aplica a nuestra vida fuera del trabajo.
Entonces, ¿cómo desarrollamos la confianza en nosotros mismos? Es una práctica — algo que debemos hacer de manera consciente.
Así podría verse esa práctica:
Nota cuándo no estás confiando en ti mismo. Observa las áreas mencionadas arriba — cuando te sientas abrumado, postergues cosas, te cueste decidir, evites conversaciones o pierdas el enfoque.
Pregúntate: “¿Qué haría ahora si confiara completamente en mí mismo?”
Respira y hazlo. Intenta hacerlo de forma sencilla, sin exagerar, relajando tu cuerpo y tu mente mientras lo haces.
Recuérdate que, pase lo que pase, podrás manejarlo cuando llegue el momento.
Si practicas esto varias veces al día, cada día, verás un progreso increíble.