Nuestra mente tiene la tendencia de apartarse y alejarse de aquello que más tememos y resistimos. Naturalmente, no nos gusta el dolor, la frustración ni la dificultad. Así que apartarnos, evitar y posponer son actos de protección.
Sin embargo, eso nos mantiene en nuestra zona de confort. El camino del crecimiento está precisamente en las partes que resistimos.
Cada día, encuentra aquello a lo que más te resistes y acércate a ello.
No quiero decir que debas hacer algo que sea realmente peligroso. Saltar de un acantilado hacia la muerte no es un buen ejemplo de acercarse a la resistencia. No estoy sugiriendo que te pongas en riesgo físico.
Te invito a encontrar en tu trabajo o en tu vida personal aquello que sabes que sería poderoso para ti, pero que estás evitando. Acércate a eso.
Míralo de frente.
Acércate al miedo y permítete sentirlo por completo. Abre tu corazón a él.
Deja que tu amor derrita un poco la resistencia. Quédate ahí, incluso si no desaparece. Sé valiente y sin miedo junto a ella.
Haz aquello a lo que más te resistes. Hazlo con más fuerza y valentía de la que te resulta cómoda. Hazlo con amor, desde un lugar de amor. Hazlo el tiempo suficiente hasta que deje de frenarte y tu relación con ello se transforme.
Encuentra la alegría y la belleza en medio de la resistencia. Encuentra la gratitud en medio del miedo. Encuentra el juego en medio de la carga.
Solo necesitas enfocarte en un pequeño momento a la vez, en lugar de cargar con todo el peso de una sola vez. Solo necesitas abrir tu corazón por un momento. Luego otro, y otro más. No necesitas preocuparte por todos los demás momentos. Solo este.
Acércate a tu resistencia. Ábrele tu corazón. Hazlo una y otra vez, y observa qué sucede. Esa es mi invitación para ti.