En general, evitamos las tareas difíciles. Las posponemos mientras hacemos cosas más fáciles o nos distraemos. Esto es comprensible: una tarea difícil puede parecer abrumadora o intimidante, pero pasar el tiempo en tareas fáciles y poco importantes suele tener un alto costo.
Así que hablemos un momento sobre las tareas difíciles. Si podemos enfocarnos en ellas y completarlas, podemos generar un impacto mucho mayor en menos tiempo.
La razón por la que solemos evitar las tareas difíciles es porque resultan intimidantes: están llenas de incertidumbre y de muchas subtareas que las hacen parecer abrumadoras. También tememos fracasar en ellas.
Esto es lo que he descubierto que ayuda — tres cosas que la gente conoce, pero rara vez aplica:
Haz una pequeña parte de la tarea grande. La mayoría subestima lo poderoso que esto es. ¿Tienes un informe largo que escribir? Haz solo los dos primeros párrafos. Esto multiplica tu capacidad para abordar la tarea difícil, porque es mucho más probable que empieces, y una vez que hayas empezado, será mucho más fácil continuar con la siguiente parte.
Practica decidir y confiar en tu decisión. Si una decisión te bloquea, probablemente evites la tarea difícil. Así que no dejes que eso te paralice: simplemente elige y confía en que tu elección es suficientemente buena, o en que podrás manejar lo que venga. Esto se vuelve liberador, porque puedes elegir, actuar y confiar en ti mismo sin preocuparte demasiado. Elige rápido, avanza y repite.
Piensa en el “fracaso” como “aprendizaje”. Cuando pensamos en fracasar, solemos interpretarlo como algo negativo sobre nosotros: que somos incapaces, tontos o indignos. Pero, ¿y si lo vemos como parte del proceso de aprendizaje, sin juicio? Eso cambia todo. Dejemos que esto nos libere.
Esto requiere práctica. Empieza con el primer punto y adquiere el hábito de enfocarte en las tareas difíciles en pasos pequeños. El impacto de abordar de forma constante tareas difíciles pero importantes será enorme.