Hay algo en la mayoría de nuestras mentes que nos hace creer que deberíamos estar concentrados todo el tiempo. Creemos que deberíamos trabajar duro y de manera enfocada la mayor parte del día, y el resto del tiempo dedicarlo a leer, aprender, socializar, hacer ejercicio, meditar y comer sano.
Y cuando no estamos concentrados en una de esas cosas, nos sentimos culpables, porque creemos que deberíamos estarlo.
Otra parte de nuestra mente, sin embargo, cree que necesitamos descansar más. Algo como: “He trabajado tanto, merezco un descanso.” Y esa parte de nuestro cerebro evita nuestro trabajo más importante cuando no nos sentimos con ánimos.
Ambas partes tienen razón: enfocarse en lo importante es bueno, y descansar también. Desafortunadamente, tienden a sabotearse mutuamente: cuando queremos concentrarnos, aparece la voz que dice “te mereces un descanso”, y cuando queremos descansar, aparece la otra que dice “deberías estar trabajando en algo importante”. Y así surge la culpa.
Entonces, ¿cómo equilibramos las dos cosas? Vamos a explorarlo.
Observa tu tendencia principal
Normalmente tenemos ambas creencias dentro de nosotros, pero la mayoría tenemos una que domina.
¿Cuál de estas se aplica más a ti?
• Debería concentrarme en algo importante (trabajo u otra cosa) todo el tiempo.
• Merezco un descanso / debería descansar ahora mismo.
¿Tiendes a exigirte demasiado y sacrificar el descanso (sintiéndote culpable cuando no lo haces)? ¿O tiendes a darte demasiado permiso y ser indulgente contigo mismo?
Mi sugerencia es practicar en contra de tu tendencia habitual.
Si no estás descansando lo suficiente y te exiges hasta el punto del agotamiento, practica descansar más. Define momentos específicos para descansar y permítete realmente no hacer nada. Date algunos pequeños placeres, suelta la culpa y simplemente disfruta. Resiste el impulso de pensar en el trabajo o en la productividad durante esos momentos de descanso.
Si, por el contrario, sueles ser indulgente contigo mismo y la procrastinación ha sido un problema en tu vida (no solo este mes, sino durante años), practica enfocarte más. Date una nueva creencia como: “Está bien sentirse un poco cansado y aun así trabajar en algo realmente importante para mí.” Aumenta poco a poco tu capacidad para tolerar esa incomodidad. Aun así, toma descansos, pero sin que se conviertan en una excusa.
Y lo más importante: observa cuándo aparece esa vieja creencia —cuando te dices a ti mismo que “deberías” concentrarte o que “merezco un descanso”. Solo obsérvalo y toma conciencia.
¿Cuál es tu compromiso?
Si quieres enfocarte más, pregúntate cuál es tu compromiso.
Por ejemplo, si tienes un proyecto en el que trabajar… ¿cuál es tu compromiso con él? ¿Te has comprometido a terminarlo esta semana? ¿A trabajar en él tres horas al día?
Si te has comprometido con el ejercicio… ¿con qué frecuencia y durante cuánto tiempo? Si te has comprometido con la meditación… ¿cómo es tu compromiso con ella?
Cuando tengas claro tu compromiso, podrás preguntarte: “¿He cumplido con mi compromiso?” cuando surja la duda de si trabajar o descansar.
Si deseas descansar más… pregúntate también cuál es tu compromiso con el descanso. ¿Te has comprometido a no trabajar los fines de semana? ¿A no trabajar después de las 6 p.m.? ¿A tomarte dos semanas de vacaciones completamente desconectado? Estos son solo ejemplos: define tu propio compromiso y, cuando llegue el momento de descansar, hazlo plenamente, sin culpa.
Practicar la confianza en uno mismo
Gran parte del problema es que no confiamos en nosotros mismos. Cuando descansamos, sentimos culpa —creemos que deberíamos estar haciendo algo más.
Cuando queremos concentrarnos, tememos no poder hacerlo, y tratamos de escapar de esa incomodidad dándonos un descanso.
Estas conductas no son malas, pero ¿qué pasaría si confiáramos completamente en nosotros mismos? Entonces podríamos concentrarnos cuando decidiéramos hacerlo, y descansar cuando nos diéramos permiso para hacerlo.
Encontrar el equilibrio no es una ciencia exacta, es un proceso. Y ese proceso implica aprender a confiar en nosotros mismos, reconocer cuándo estamos fuera de equilibrio y luego hacer los ajustes necesarios.
Practica confiar en ti mismo. Pregúntate: “¿Qué haría si confiara completamente en mí mismo?” —y luego haz eso. Actúa bajo el supuesto de que eres totalmente digno de confianza. Deja que esa confianza crezca a través de esta práctica.