Las compras en línea han incrementado enormemente nuestro gasto impulsivo: ves algo en redes sociales y, con unos pocos clics, ¡listo! Al día siguiente ya está en tu puerta.
Este tipo de recompensa, con tan poca fricción, puede hacer que comprar sea tan adictivo como las redes sociales. Pero a menudo tiene un efecto negativo en nuestra (ya precaria) situación financiera, sin mencionar el desorden extra que se acumula en nuestros hogares.
Entonces, ¿cómo controlamos este tipo de gasto impulsivo?
Primero, respira. Date cuenta de cuándo estás a punto de comprar algo. Nota lo fácil, tentador y sin esfuerzo que parece, y lo gratificante que resulta. Respira un momento.
Segundo, retrasa. Dite a ti mismo que puedes comprarlo en un par de días si todavía lo quieres (¡esperar una semana es mejor, un mes todavía mejor!). Esta pausa suele permitir que el impulso se disipe. Recuérdate que no hay razón para necesitarlo de inmediato y que puedes esperar.
Tercero, piensa a largo plazo. Durante la pausa, recuérdate cómo este tipo de gasto va a afectar tu situación financiera a largo plazo. ¿Prefieres construir una buena estabilidad financiera o añadir una cosa más en tu vida de la que tendrás que buscar espacio? Recuérdate que ya tienes demasiado.
Cuarto, busca otra manera de cubrir la necesidad. ¿Qué necesidad está cubriendo este gasto impulsivo? Tal vez sea la necesidad de diversión o recompensa. Tal vez sea comodidad o belleza. ¿Puedes encontrar otra manera de satisfacer esta necesidad que sea agradable pero también coherente con tus objetivos a largo plazo? Por ejemplo, si buscas recompensa, quizás un baño relajante con un buen libro lo sea, o salir a dar un paseo por la naturaleza. Tal vez hablar con tu mejor amigo, ordenar un poco, cuidar una planta o una mascota, pasar tiempo con tu hijo o aprender algo fascinante.
Por cierto, estos mismos pasos sirven para cualquier hábito impulsivo: jugar videojuegos, usar redes sociales, comer comida chatarra, fumar, beber alcohol, etc.