Domina al demonio de la escasez de tiempo

Es algo con lo que la mayoría de nosotros lidiamos cada día, a menudo sin darnos cuenta: la sensación de que no tenemos suficiente tiempo.

La conocemos bien: esa sensación de tener demasiado que hacer y no suficiente tiempo para hacerlo todo.

Y no se trata solo del trabajo —donde tenemos demasiados proyectos, reuniones, correos, tareas administrativas, llamadas, peticiones y mensajes—, sino también de nuestra vida personal. Queremos hacer ejercicio, comer bien, meditar, aprender algo nuevo, viajar, salir con amigos, pasar tiempo en soledad, hacer senderismo, leer mil libros, ocuparnos de las finanzas y las gestiones, seguir las noticias y los podcasts, disfrutar de contenidos interesantes, mantenernos conectados con nuestros seres queridos en redes sociales… y, además, encontrar un espacio para la calma y la contemplación.

Uf.

¿Cómo podemos hacer todo eso con un tiempo claramente limitado? ¿Cómo meter todos nuestros sueños, tareas y compromisos en una caja tan pequeña?

Una respuesta es hacer menos cosas —simplificar eliminando parte de lo que hacemos, o directamente dejar de hacerlo. Otra respuesta es delegar, pedir ayuda, formar un equipo. Todas son buenas opciones.

Pero la verdadera maestría sobre el demonio de la escasez de tiempo solo llega con un cambio de mentalidad.

Debemos abordar la sensación en sí, no solo la logística. Organizar listas y horarios no cambia la sensación. Esa sensación siempre estará ahí, hasta que aprendamos a enfrentarla.

Lo que realmente sucede

El problema no es que tengamos poco tiempo —todos recibimos exactamente la misma cantidad cada día y cada semana. Es la cantidad justa, porque es todo lo que hay.

Quizá sí tengamos demasiadas cosas que hacer. Pero el verdadero problema es que queremos hacer demasiado en el tiempo que tenemos. No es la cantidad de tareas en sí lo que nos agobia, sino nuestra necesidad de meter demasiado en un día.

Queremos más y más, y no estamos satisfechos con lo que realmente somos capaces de hacer en el tiempo que tenemos.

Queremos más, y lo que tenemos nunca es suficiente. Esa falta de satisfacción es el verdadero problema. Rechazamos nuestra experiencia y deseamos más.

En el budismo, a esto se le llama “codicia”. No me gusta el término porque suena moralista, pero en esencia significa que no estamos satisfechos con lo que tenemos: queremos más.

La respuesta a la codicia, según el budismo, es la generosidad. Es decir, aprender a ver lo asombroso en lo que ya tenemos. Ver la profunda belleza en la experiencia que estamos viviendo ahora mismo. Amar lo que es.

Domina al demonio

Para dominar este demonio de la escasez de tiempo —esa sensación de no tener nunca suficiente y de tener demasiado que hacer—, necesitamos desarrollar conciencia y cultivar la generosidad.

Debemos aprender a reconocer cuándo nos sentimos abrumados. ¿Cómo se siente eso ahora mismo, en tu cuerpo? ¿Cómo se siente no tener nunca la sensación de que el tiempo alcanza para todo lo que quieres hacer? Aprende a identificar esa sensación y a darte cuenta cuando aparece.

Cuando aparezca, empieza a entrenar tu mente para desear menos… y para ver la grandeza de lo que tienes justo frente a ti. Entrena con un nuevo patrón mental.

Solo podemos hacer una cosa a la vez. Todo lo que tenemos es este momento, este día.

Y eso es suficiente. Es hermoso, increíble, si realmente lo vemos y lo apreciamos.

Podemos hacer una sola cosa, y sentirnos profundamente agradecidos por poder hacerla.

Y en el siguiente momento, podemos hacer otra —con plena atención, con total presencia, como si fuera nuestra última acción—, apreciando verdaderamente la oportunidad de estar vivos en este instante.