El arte de la resiliencia: cómo recuperarte de cualquier cosa

Para los objetivos a largo plazo, como cambiar hábitos o lograr metas, una de las habilidades más importantes que podemos desarrollar es la resiliencia: la capacidad de recuperarnos después de los contratiempos y las dificultades.

Es inevitable que perdamos el rumbo. Tendremos días malos, nos desanimaremos por los fracasos, perderemos algunos días de práctica de un hábito… todo eso es normal y forma parte del proceso.

No se trata de si perderemos el rumbo o nos desanimaremos — sino de cuándo. Y cuando eso ocurra, todo dependerá de si podemos volver al juego.

Esto es la resiliencia a largo plazo: la capacidad de afrontar las dificultades, los contratiempos, los desvíos y los desafíos emocionales.

Y es algo que podemos desarrollar, con algo de práctica.

Qué es realmente la resiliencia

La resiliencia no consiste en tener fuerza o no, sino en si puedes manejar las dificultades que se presenten, afrontarlas y volver a tu centro. Recuperar el equilibrio.

Se trata de aprender a soportar el malestar, aceptar que vendrán momentos difíciles y confiar en que serás capaz de enfrentarlos.

Se trata de aceptar la lucha y de crear una nueva relación con ella.

Los cambios de mentalidad que importan

Volverse más resiliente empieza en la mente. Si tenemos una mentalidad más resiliente, afrontamos las dificultades y los contratiempos con más calma.

Aquí tienes algunos cambios de mentalidad que puedes considerar — según cómo pienses actualmente:

  • Contratiempos: En lugar de verlos como prueba de que algo anda mal contigo o de que el mundo está en tu contra… míralos como parte del camino.

  • Fracasos: En lugar de ver el “fracaso” como algo negativo que dice algo malo de ti… míralo como un paquete de información. Te enseña algo valioso que puedes aprovechar para crecer.

  • Cronograma: A menudo vemos los contratiempos como algo malo porque nos sacan de nuestro plan — tal vez queríamos alcanzar una meta en cierta fecha, y el contratiempo nos retrasa. En lugar de eso, podemos salirnos del cronograma (que de todos modos inventamos) y ver que el viaje se desarrolla como debe, no según un horario.

  • Emociones: Cuando tenemos emociones negativas, en lugar de verlas como una señal de que algo va mal o de que debemos rendirnos — podemos verlas como parte natural del camino. Sentirás frustración, desaliento, insuficiencia o impotencia a veces. Es algo que debes sentir, procesar y atravesar — no una razón para abandonar.

  • Empezar de nuevo: A menudo vemos el volver a empezar, después de desviarnos, como una carga o una señal desalentadora — pero podemos verlo como parte natural de cualquier proceso significativo. Cualquier camino largo y desafiante incluirá muchos comienzos y pausas. Nuestro desafío es dominar el arte de volver a empezar.

Observa estos cambios de mentalidad e intenta distinguir cuáles son los que más interfieren en tu camino. Luego practica esos cambios con algunos ejercicios prácticos a continuación.

Prácticas concretas para desarrollar la resiliencia

Los cambios de mentalidad son el comienzo, pero la manera real de desarrollar la resiliencia es con práctica regular — como cualquier otra habilidad que queramos cultivar.

Aquí tienes algunas formas de practicar con regularidad:

  • Calma: Empieza por notar cuándo te sientes fuera de equilibrio. Te sientes desanimado, estresado o frustrado por un contratiempo. Lo primero es calmar tu sistema nervioso. Siéntate quieto unos minutos y respira lentamente. La respiración lenta y profunda te ayudará a relajarte. Piensa en uno de los cambios de mentalidad anteriores y ve si eso también te calma. Recuérdate que un contratiempo no es gran cosa. Relaja tu cuerpo.

  • Aceptar: Sea lo que sea que te esté perturbando, intenta aceptarlo como parte de tu camino. ¿Perdiste algunos días de ejercicio? No pasa nada. ¿Olvidaste estudiar? Está bien, la vida se interpone — simplemente vuelve a empezar. ¿Te sientes sin motivación? Está bien también. La aceptación te ayuda a soltar la tensión y reducir el estrés.

  • Sentir las emociones: Una práctica de resiliencia consiste en permitirte sentir tus emociones cuando enfrentas desafíos o contratiempos. Tal vez te sientas decepcionado, frustrado o herido — está bien. Evitar las emociones solo te hace más frágil. Permítete sentirlas físicamente, sin enredarte en pensamientos sobre ellas, y deja que pasen.

  • Empezar de nuevo: Cuando nos recuperamos, puede parecer pesado tener que comenzar otra vez. Pero esta es una habilidad clave que debemos practicar. Piensa en ello como la emoción de un nuevo comienzo — puede ser motivador empezar desde cero.

  • Buscar apoyo: Somos más resilientes cuando tenemos comunidad. Encuentra personas con las que compartir el camino, con quienes hablar cuando estés pasando por un momento difícil. Un coach o terapeuta también puede formar parte de ese apoyo. Esto nos ayuda a sentirnos menos solos — y más fuertes.

  • Encontrar sentido: No siempre podemos controlar los contratiempos que enfrentamos, pero podemos elegir el significado que les damos. En lugar de pensar “¿Por qué me pasa esto?”, pregúntate “¿Qué puedo aprender de esto?” o “¿Cómo me ayuda esto a crecer?”. Al hacer estas preguntas, damos a los contratiempos un marco lleno de sentido.

La resiliencia — la capacidad de levantarte con gracia después de cualquier cosa — es una capacidad a largo plazo que se desarrolla. Da un pequeño paso a la vez. Elige una práctica y empieza a trabajar en ella a diario.

No tienes que recuperarte perfectamente ni rápido. Basta con aprender a hacerlo un poco mejor cada vez, con práctica y reflexión.