El asombro cotidiano

Estoy en mi primer vuelo internacional desde que comenzó la pandemia, y tuve la suerte de conseguir un asiento junto a la ventana. Vuelo a Costa Rica pasando por Guatemala para dirigir un retiro, miro hacia un vasto paisaje montañoso en México… y estoy completamente maravillado.

¡Qué milagro es volar así, tan mágicamente por el aire, sobre estas majestuosas extensiones de la Tierra!

Me di cuenta de que cuando viajaba mucho antes, me había vuelto bastante insensible a los vuelos. “Otro vuelo más, vamos a terminar con esto, no es gran cosa, soy un viajero experimentado, no un niño con ojos llenos de asombro.” ¿Cómo llegué a perder la capacidad de maravillarme con los milagros de la vida? ¿Cómo nos pasa eso a todos?

La vida es milagrosa. La vida está llena de maravillas. La vida es majestuosa y mágica.

Y no me refiero solo a la magia de volar —algo que nuestros antepasados habrían considerado brujería—. Me refiero también a la magia de las tostadoras, de la calefacción, de las plantas en macetas. Me refiero al milagro de cada ser humano que encontramos en la calle, al asombro de tener a alguien a quien amar, a lo sagrado del dolor y la tristeza, a la alegría contenida en una simple baya.

En cada momento tenemos la oportunidad de despertar al asombro, a la admiración, a los milagros cotidianos. Es suficiente para hacer que tu corazón salte de alegría, para llenar tu alma de luz… si lo permites. Cada día tenemos acceso a esto, en tal abundancia.

¿Lo dejarás entrar?