Muchos días hay momentos en los que nos alteramos: nos enojamos por algo, nos sentimos ansiosos, estresados o frustrados. Cuando esto sucede, podemos encontrar nuestro centro.
¿Qué significa eso? Significa encontrar la calma en el ojo del huracán. Significa reconectar con la paz natural que siempre está ahí.
Así puedes practicarlo:
Date cuenta de que estás alterado. Está bien — todos experimentamos turbulencias a veces. Solo obsérvalo y decide practicar en ese momento.
Ve a un lugar donde puedas estar solo, si es posible. Sal al aire libre o busca una habitación tranquila.
Siéntate en silencio durante unos minutos. Observa cómo se siente la turbulencia — una sensación en tu cuerpo (yo suelo sentirla en el torso). Permite que esté ahí tal como es, sin intentar eliminarla. Relájate un poco dentro de la turbulencia.
Deja que tu atención se expanda más allá de la turbulencia, hacia tu entorno. Expande tu conciencia y nota la sensación de amplitud que aparece cuando abres tu atención. Disfruta de la paz que surge en ese espacio.
Después de unos minutos, si practicas con una conciencia más amplia y abierta, la turbulencia suele asentarse — como el sedimento en un vaso de agua. No podemos forzarla a calmarse, pero si nos relajamos, a menudo lo hace.