La concentración de un monje

Mientras escribo esto, estoy en un vuelo largo — he escrito muchos textos en aviones y trenes, y en realidad me resulta más fácil escribir así, a pesar de las sacudidas del portátil durante el viaje.

Es fácil escribir en aviones y trenes porque no hay mucho más que hacer. No compro internet en los vuelos, porque limita mis opciones. Y eso es algo bueno para la concentración.

En un avión puedo hacer unas pocas cosas: leer, ver una película, dormir o escribir. Todas son buenas opciones, pero están limitadas. Pienso un momento en ello y luego elijo una cosa en la que concentrarme.

En casa y en el trabajo, sin embargo, nuestras opciones son ilimitadas. Y nuestro cerebro parece querer hacerlo todo cuando todo es posible. Saltamos constantemente de una cosa a otra, hasta que el dulce alivio del sueño nos libera de todas nuestras elecciones.

Los monjes siempre han sido personas con opciones limitadas —intencionalmente—. Son como las personas que viajan en avión sin internet: pueden leer, escribir, rezar, comer, limpiar, meditar (o comunicarse con Dios, según su religión). Todo el día, todos los días. Y normalmente tienen momentos del día dedicados a cada una de esas cosas.

Eso hace que la concentración pura y clara sea fácil.

¿Y si pudiéramos desarrollar la concentración pura de un monje? No es que tengan superpoderes —pero este tipo de entrenamiento desarrolla su capacidad de enfoque—. Tienen la estructura y las limitaciones que conducen al foco.

Hablemos de cómo poner esas ideas en práctica.

La concentración pura en una sola cosa

Imagina que te sientas un momento y dejas que tu corazón (o tu horario) elija una sola cosa en la que concentrarte. Solo una. Por un periodo limitado de tiempo —digamos 10 o 30 minutos—.

Ahora eliminas todas las demás opciones. Sin concesiones. Solo estás tú y esa única cosa.

Te sentirás tentado a alejarte de ella, pero te has comprometido. Así que vuelves a enfocarte. Y te concentras.

Quizás quieras rendirte, pero mantienes el compromiso. Respiras. Tal vez te levantas y te estiras. Luego vuelves a concentrarte.

Esto es entrenamiento en concentración pura. Y mejoras con la práctica.

Todo lo que haces empieza a volverse más fácil, más tranquilo. Logras más con menos prisa. Esta práctica simple puede conducirte a todo lo que siempre has querido.

Estructura para apoyar la concentración

Este tipo de concentración pura no surge sola —debes comprometerte con ella—.

Tener una estructura diaria puede ayudarte realmente a concentrarte en una cosa a la vez. Si es hora de meditar, eso es en lo que te enfocas. Si es hora de escribir, te dedicas solo a eso.

Piensa en las cosas en las que te gustaría enfocarte por completo cuando las haces. Algunas ideas:

  • Un proyecto importante

  • Ejercicio

  • Responder correos electrónicos

  • Finanzas

  • Un proyecto creativo

  • Escribir en un diario o reflexionar

  • Meditación o yoga

Y así sucesivamente. Tal vez tengas otras —tocar música, crear, leer—. ¿En qué te gustaría poner tu concentración pura cada día?

Luego bloquea tiempo en tu calendario. No todo el día —quizás entre dos tercios y tres cuartos de tu tiempo disponible—, porque necesitas espacio para lo inesperado y para cuidarte. Necesitas aire entre las cosas.

Después, confía en la estructura que has creado. Deja que te apoye en tu práctica de enfocarte en una sola cosa a la vez. Haz de esto tu práctica diaria de devoción.