“Estar plenamente vivo, plenamente humano y completamente despierto significa ser arrojado del nido una y otra vez.”
– Pema Chödrön
La vida tiene sus momentos difíciles: tu jefe está descontento contigo, tu negocio atraviesa una mala racha, discutes con tu pareja, las finanzas están ajustadas, no duermes bien, te enfermas o sufres dolor crónico.
Nuestra manera habitual de enfrentar estas situaciones suele ser una o varias de las siguientes:
Alejarse del problema – renunciar al trabajo, terminar la relación o simplemente dejar de preocuparse. Cualquier cosa para escapar.
Ignorar el problema – fingir que no pasa nada, no pensar en ello.
Buscar consuelo – comer, beber, fumar, mirar televisión, usar el móvil, redes sociales o videojuegos. Cualquier cosa para distraerse del malestar.
Quejarse – desahogarse con alguien, culpar a otra persona, convencerse de que el problema es del otro.
No hay nada intrínsecamente malo en nada de esto. No te sientas culpable si lo haces; a veces puede ser incluso útil. Hablar con alguien sobre lo que te preocupa ayuda. Descansar también puede ser necesario.
Pero evitar el problema, huir o intentar consolarse solo funciona a corto plazo. Tarde o temprano, las emociones regresan. Caemos en un bajón, nos agotamos, nos sentimos atrapados.
Aquí hay un cambio mental que puede ayudarte: cuando te sientas herido, triste, enojado o abrumado, no lo veas como un problema, sino como una experiencia.
Siente plenamente el dolor, la tristeza o la ira que hay en ti.
Deja de huir y permítete sentir de verdad.
Y mientras sientes, no consideres esa emoción difícil como algo que debas resolver o eliminar. Mírala como una experiencia que estás viviendo ahora mismo.
No es un problema, es una experiencia.
Eso es todo: una experiencia, una sensación. Nada de qué entrar en pánico. (Y si sientes pánico… también está bien.) Es simplemente algo que estás experimentando. Puede que no se sienta bien, pero eso no lo convierte en un problema. No todas las experiencias son agradables; a veces vivimos el frío, la tormenta, el dolor. Es parte de la vida.
Siente esa emoción difícil con el corazón abierto. Déjala entrar, como dejarías entrar a un buen amigo. Quédate con ella, sin juzgar, sin intentar cambiarla. No tienes que hacer nada. Es solo tu experiencia presente.
Lo que sea que hayas hecho para consolarte —no lo juzgues tampoco—. No es un problema, solo una experiencia.
Puedes encontrar paz dentro de cualquier experiencia.
Ahora es momento de actuar.
Desde este lugar de paz, aceptando quién eres y lo que estás sintiendo, puedes dar el siguiente paso. Por ejemplo:
Ama la sensación, la experiencia, el dolor.
Ama a la persona frente a ti, incluso si está sufriendo. Siéntela.
Ama al mundo. Ofrécele tu don.
Da un pequeño paso para mejorar tu situación.
Da un paso hacia lo que sientes que es tu propósito de vida.
Guarda silencio, para poder escuchar. Quédate quieto, para poder experimentar.
La acción dependerá de la situación, pero todo empieza con esa sensación de paz dentro de tu experiencia.