Querer que otra persona llene nuestras vidas

Tengo un amigo que se siente solo, que tiene un buen corazón y que desea desesperadamente encontrar una pareja que valore esa bondad y con quien compartir su vida.

Creo que todos hemos sentido esto alguna vez: este anhelo de una conexión profunda, esta esperanza de que otra persona simplemente nos entienda y quiera tener una relación íntima con nosotros, la idea de que si pudiéramos encontrar a esa persona y fusionarnos con ella, estaríamos completos.

Pero ¿y si le diéramos la vuelta a esa idea?

¿Qué pasaría si todo lo que necesitamos para la felicidad y la plenitud ya estuviera dentro de nosotros?

¿Qué pasaría si todos los requisitos para sentirnos plenos existieran exactamente en este momento, no en algún futuro imaginado?

¿Qué pasaría si la idea de una pareja romántica perfecta (justamente por sus imperfecciones) que satisface todas nuestras necesidades fuera solo una fantasía que no nos ayuda?

La verdad es que incluso quienes tienen pareja saben que no todo es luna de miel, y que una relación a largo plazo implica muchas luchas. La plenitud que obtenemos en la vida (casi siempre) no viene de otra persona, sino de nosotros mismos.

¿Cómo sería soltar esta fantasía de una pareja que nos complete, esta fantasía de una vida mejor… y en su lugar encontrar plenitud en el aquí y ahora, dentro de nosotros mismos?

De dónde obtenemos la plenitud

Nadie nos va a completar – en el mejor de los casos nos ayudará a sentirnos mejor con nosotros mismos y nos escuchará. Eso es maravilloso, pero también podemos recibirlo de amigos o familia. Sentirnos mejor con nosotros mismos es algo que podemos cultivar por cuenta propia. No digo que una pareja sea inútil, pero sí digo que no es necesaria para sentirnos plenos.

Entonces, ¿cómo podemos sentirnos plenos por nuestra cuenta?

¿Qué nos da plenitud? Según mi experiencia, cuando nos enfocamos en placeres como comida, entretenimiento, distracciones digitales, sexo, drogas, alcohol o adrenalina… solo ofrecen satisfacción temporal, y al final quedamos deseando más.

La plenitud viene de algo más profundo: encontrar sentido en la vida, apreciar cada momento fugaz, servir a otros, amar.

Pero no necesitamos una pareja para eso. Podemos encontrar sentido explorando dentro de nosotros y en el mundo que nos rodea. Podemos empezar a apreciar la impermanencia y los momentos de alegría que están en todas partes. Podemos servir a otros en nuestra comunidad. Podemos amar a todos: a quienes ya están en nuestra vida (aunque no lo sepan), a desconocidos en la calle, a todos los seres vivos.

Plenitud desde dentro

¿Qué pasaría si pudiéramos hacer todo eso simplemente sentados aquí, sin hacer nada?

¿Qué pasaría si este momento contuviera todo lo que necesitamos para la plenitud?

Intenta mirar hacia dentro:

  • Detente y quédate quieto. Siéntate sin hacer nada, encuentra silencio y simplemente observa el momento.

  • Nota tu cuerpo, tu respiración, las sensaciones que aparecen en tu cuerpo (como una presión en el pecho o un calor en el corazón), tus pensamientos.

  • Observa que dentro de ti hay un constante cambio y también una bondad amorosa.

  • Enamórate de todo lo que ves: de las emociones y los pensamientos, del cuerpo y la respiración, de lo pasajero y de la bondad que lo sostiene.

  • Reflexiona sobre tu deseo de servirte a ti mismo y a los demás.

  • Cultiva amor por ti y por todos los demás enviando un deseo: que todos, incluyéndote a ti, estén libres de sufrimiento, sean felices y encuentren alegría.

  • Reflexiona sobre tu conexión innata con otros: piensa en cómo otros sostienen tu vida, cómo la comida que te nutre ha llegado a ti gracias a miles de personas, cómo te has convertido en quien eres gracias a cada persona con la que te has cruzado y que te ha influido. Esta red de conexión muestra que siempre eres parte de todo lo que te rodea, una conexión profunda y eterna.

  • Reflexiona sobre tu entorno y el cambio constante y la belleza presente en todo, en este océano de materia y energía del que formas parte.

Todo esto está disponible, ahora mismo y en cada momento, dentro de ti y a tu alrededor.

Esta práctica puede brindarte plenitud, y no requiere nada más que atención, aprecio, gratitud y amor. Ya está dentro de ti.