Cuando mi día de trabajo empieza a sentirse revuelto, me gusta hacer una pausa y simplificar.
Cierro o guardo todas las pestañas de mi navegador — si una pestaña representa una tarea, la añado a mi lista de pendientes y guardo la pestaña en una carpeta de acción entre mis marcadores.
Cierro todas las aplicaciones abiertas en el ordenador.
Pongo el teléfono en modo avión y lo guardo fuera de la vista.
Cierro las ventanas abiertas en el ordenador y limpio los archivos del escritorio.
Ordeno mi escritorio físico y mi espacio de trabajo.
Respiro y disfruto de la simplicidad que acabo de crear.
Luego elijo una sola cosa de la lista para el día. Y trabajo en ella de la manera más simple posible.
Es algo verdaderamente hermoso.