Uno de los mayores obstáculos en nuestro camino de crecimiento personal es el desánimo. Ya sea que estés intentando formar un nuevo hábito (leer, meditar, hacer ejercicio, levantarte temprano), empezar un proyecto significativo o simplemente poner tu vida en orden… el desánimo es una de las principales razones por las que nos detenemos.
Aquí están las “malas” noticias: el desánimo es inevitable. Lo encontrarás en tu camino, especialmente si estás haciendo algo desafiante o con sentido. Es parte del camino significativo. En realidad, no creo que sea una mala noticia —es simplemente así como luce el camino—.
Y aquí están las buenas noticias: el desánimo no es un problema. Es una característica del aprendizaje, del crecimiento, del intento. Así como el calor es una propiedad del sol o del fuego.
El desánimo es una señal de que te importa y de que tienes esperanza.
Con esto en mente, ¿cómo lidiamos con él cuando aparece en nuestro camino?
Algunas personas intentan aplastar la esperanza, dejar de preocuparse o de ser optimistas. Si no esperamos nada, no podemos sentirnos decepcionados, ¿verdad? Pero eso solo significa que cerramos nuestro corazón. Del mismo modo, algunos ni siquiera lo intentan, porque si lo hacen podrían fallar. Pero eso también significa que no podemos crear nuevas posibilidades para lo que realmente nos importa.
La mejor manera de afrontar el desánimo no es cerrar el corazón al intento, al cuidado o a la esperanza —sino verlo como parte del camino—. Igual que el dolor es parte del ejercicio, o las agujetas son parte de volverse más fuerte. Cuando nos importa, cuando esperamos, cuando intentamos —el desánimo llega—.
Y cuando llegue, permítete sentirlo. Cuídalo —¿necesitas una taza de té, una charla con un amigo o terapeuta, un poco de amor?—. Deja que el desánimo sea una oportunidad para practicar el amor propio y el cuidado de ti mismo.
Luego, vuelve a intentarlo. Devuelve tu corazón a la esperanza y a la posibilidad. Da el siguiente pequeño paso. Crea algo nuevo, un movimiento diminuto a la vez.
El desánimo no es el final del camino —es un lugar para detenerte, cuidar tus heridas, reconfortar tu corazón, recuperar el aliento y volver a empezar—.
Tú puedes hacerlo. 🔥