Una guía para soltar el estrés

Todos lidiamos con el estrés a diario —ya sea el estrés de estar ocupados y abrumados en el trabajo, de enfrentar crisis personales, tráfico, relaciones, salud o finanzas… el estrés puede convertirse en una gran parte de nuestras vidas.

Y el estrés tiene efectos potentes: nos hace menos felices, menos eficaces, menos abiertos en nuestras relaciones, nos agota, nos vuelve menos saludables e incluso puede generar problemas mentales si llega al nivel de la ansiedad.

Así que veamos cómo soltar el estrés, cada vez que lo notamos.

Con qué estás luchando

¿Por qué nos estresamos, sentimos ansiedad o nos sentimos abrumados?

Porque queremos que el mundo sea tranquilo, ordenado y cómodo —y el mundo no coopera con esos deseos. Las cosas están fuera de control, desordenadas, nada simples, llenas de interrupciones y eventos imprevistos, de problemas de salud y accidentes. Las cosas nunca salen exactamente como las planeamos o imaginamos.

Pero así es el mundo —el estrés no surge porque el mundo sea caótico y desordenado, sino porque deseamos que sea diferente de lo que es.

Tenemos ideales sobre cómo deberían ser las demás personas, cómo deberíamos ser nosotros, cómo debería ser todo a nuestro alrededor. Esos ideales no son el problema —el problema es que nos apegamos a ellos. Y ese apego es lo que causa nuestro estrés.

La buena noticia es que podemos soltar ese apego —y el mundo no tiene que cambiar ni un poco. Podemos soltarlo, y al hacerlo, soltamos también nuestro estrés.

Cómo soltar el estrés

Imagina que estás viviendo un momento de estrés ahora mismo.

Algo no está saliendo como quisieras. Las cosas se sienten caóticas o abrumadoras. Alguien no actúa como te gustaría. Te preocupa algo que se acerca.

La primera práctica es conectar con tu cuerpo y notar cómo se siente el estrés físicamente. Permanece presente con la sensación —no es un problema tener estrés en el cuerpo, es solo una sensación física. Puedes observarla y simplemente estar con ella. Esa puede ser toda tu práctica, y solo necesita unos momentos.

La segunda práctica es notar el ideal o la historia que te estás contando sobre la situación. ¿Qué está causando este estrés en tu cuerpo? Tienes alguna imagen o expectativa de cómo debería ser el mundo, cómo debería comportarse esa persona o cómo deberías ser tú. Y el mundo, la persona o tú mismo no están cumpliendo con ese ideal. Date cuenta de eso ahora. Observa lo que te dices a ti mismo: “No debería comportarse así”, “No me gusta esto”, “Soy un desastre, no merezco amor”.

¿Qué te dices a ti mismo? ¿Te resulta familiar esa historia? Date cuenta de que el ideal y la historia están provocando el efecto del estrés, la ansiedad, el miedo y la sensación de agobio. No te están sirviendo bien.

También observa que todo eso está completamente fabricado por tu mente. Tú creaste el ideal y la historia. Te están haciendo daño, y tú inventaste este sueño. No es algo por lo que debas castigarte, solo reconócelo. La buena noticia: si tú lo creaste, también puedes soltarlo.

La tercera práctica es soltar y simplemente ser. ¿Cómo sería estar en este momento sin el ideal ni la historia? Estarías en paz. Estarías presente. Serías libre. Quizás más amoroso —contigo mismo o con los demás.

Pregúntate cómo se sentiría no tener ese ideal ni esa historia. Siente cómo sería, aunque solo sea por un instante. En ese instante eres libre. Puedes relajarte, abrir tu mente más allá de tu propio yo, y simplemente ser.

Este es un estado de apertura al que puedes entrar en cualquier momento. Nota las sensaciones de este instante —las sensaciones de tu cuerpo, de tu entorno. Observa a las personas en tu vida, sus corazones hermosos. Nota lo increíble que es estar vivo ahora, qué regalo es ver, oír, saborear, tener un cuerpo. Qué privilegio, qué alegría.

No tienes que sentir gratitud o alegría en cada momento, pero esta libertad de soltar el ideal y la historia —y estar en paz— siempre está disponible. Incluso en los momentos de caos puedes ser libre, e incluso apreciar la belleza dentro del caos.