Una guía para soltar la vergüenza y el miedo

Muchos de nosotros vivimos tan a menudo en un estado de vergüenza o miedo que ni siquiera nos damos cuenta.

La vergüenza y el miedo impregnan gran parte de nuestras vidas, a menudo sin que entendamos cuánto influyen en nuestros días.

Algunos ejemplos comunes de vergüenza y miedo son:

• Estamos insatisfechos con nosotros mismos o con nuestro cuerpo, y sentimos vergüenza por cómo nos vemos o quiénes somos.
• Procrastinamos o nos distraemos y sentimos vergüenza por nuestra pereza o falta de concentración.
• No hacemos ejercicio, no meditamos, no escribimos, no leemos o no comemos tan bien como quisiéramos, y sentimos vergüenza por ello.
• No llamamos tanto como deberíamos a nuestros seres queridos, y sentimos vergüenza por eso.
• Tememos lo desconocido y nos angustiamos por la incertidumbre de la vida.
• Nos ponemos nerviosos al hablar en público o al tener que presentar algo, lo hacemos peor… y luego sentimos vergüenza.
• Evitamos conversaciones sinceras por miedo a las consecuencias de ser honestos.
• Nos apartamos de tareas o proyectos difíciles por miedo al malestar o al agobio.
• Nos preocupamos por adelantado por viajes, reuniones, eventos o proyectos, por miedo a que algo salga mal.

Así dejamos que el miedo nos haga pequeños. Evitamos las acciones que queremos tomar o las hacemos menos disfrutables. La vergüenza nos hace sentir inadecuados, y ambos reducen nuestra alegría, nuestra presencia y nuestras relaciones.

¿Cómo sería tu vida sin vergüenza? ¿Cómo actuarías si estuvieras libre de miedo?

No son preguntas teóricas: reflexionar sobre ellas nos ayuda a imaginar quién podríamos ser sin estar dirigidos por la vergüenza o el miedo.

Imagina que no sintieras miedo (no digo que sea posible, pero imagínalo). ¿Cómo actuarías de manera diferente? Tal vez te atreverías a tomar decisiones más valientes en tu trabajo, o hablarías con más facilidad y confianza. Tendrías conversaciones difíciles de forma abierta y amable, en lugar de posponerlas. Confiarías más en el futuro.

Y sin vergüenza: imagina que pudieras estar plenamente presente con lo que sucede ahora, sin castigarte por lo que hiciste o dejaste de hacer. Podrías sentirte bien contigo mismo, con tu cuerpo y con tu vida. Podrías hablar con extraños sin preocuparte por lo que piensen. Podrías saltarte un día de ejercicio o meditación y simplemente empezar de nuevo, sin culpa.

Una vida sin vergüenza ni miedo sería más sencilla, más tranquila, más segura y más confiada.

El proceso de soltar

La vergüenza y el miedo seguirán apareciendo, sin importar cuánto meditemos o trabajemos en nosotros mismos. Las emociones surgen de manera espontánea —pero lo que hacemos cuando aparecen, eso sí está parcialmente en nuestras manos.

Sentir miedo no es el problema. El problema surge cuando nos aferramos a ese miedo —cuando dejamos que nos impida vivir plenamente. Lo mismo ocurre con la vergüenza.

Paso 1: Cuando surja la vergüenza o el miedo, obsérvalos. Siente las sensaciones en tu cuerpo sin juzgarlas. Reconócelas simplemente como lo que son: sensaciones, no problemas. Observa el miedo o la vergüenza sin quedarte atrapado en ellos. Pronto notarás que ni la vergüenza ni el miedo son peligrosos: son solo experiencias temporales en el cuerpo.

Paso 2: Desde esa actitud de observación, puedes volverte curioso. ¿Qué se siente? ¿De dónde viene? La vergüenza suele nacer de la sensación de no ser suficiente. Tal vez pienses que debes ser perfecto —en el trabajo, en el ejercicio, en las relaciones— y no cumples con esa imagen. El miedo suele provenir de la falta de confianza. Queremos control, seguridad y estabilidad, y cuando no las tenemos, sentimos ansiedad. Observa estas ideas: son solo pensamientos, no realidades.

Paso 3: Cuando veas el ideal que causa la vergüenza o el miedo, empieza a soltarlo. ¿Es ese ideal realmente útil? ¿Te sirve o te hace daño? Imagínate a ti mismo sin ese ideal. ¿Cómo te sentirías sin la presión de ser perfecto? ¿Sin la necesidad de saberlo todo? Imagínate tranquilo y libre, sin importar lo que ocurra.

Paso 4: Prueba a vivir sin ese ideal. ¿Cómo se siente moverse por el mundo sin miedo? ¿Sin vergüenza? ¿Puedes caminar con más confianza, más amor y más fe en ti mismo? Observa cómo actúas de manera diferente cuando no dejas que la vergüenza o el miedo te guíen.

No es un proceso rápido. No puedes simplemente chasquear los dedos y ser libre. Pero puedes practicar. Poco a poco puedes aprender a soltar lo que te retiene y descubrir la belleza de este momento, que siempre ha estado ahí, bajo todo lo que has cargado.